sábado, enero 07, 2006

El Concepto del Poder

El concepto del poder es uno de los temas más álgidos al tratarse de la naturaleza de la sociedad y de las relaciones entre los individuos y grupos que la componen. Sin embargo, por lo general, cuando se habla de “poder” se lo piensa automáticamente como algo que se ejerce sobre o contra alguien, en relaciones de pugna y dominación.

Esta es una muestra de hasta dónde hemos asimilado la cultura o cosmovisión de la división y el conflicto. Karlberg (p. 23) dice: “En una cultura de conflicto, la gente tiende no sólo a preocuparse por las relaciones de poder, sino que suele pensar y hablar del poder como si su ejercicio fuese inherentemente competitivo y conflictivo.”

Actualmente este modelo de poder ya no satisface las necesidades de la humanidad, lo cual ha motivado una búsqueda de concepciones alternativas. En una propuesta presentada ante la Cumbre Mundial de Desarrollo Social en Copenhagen en 1995, la Comunidad Internacional Bahá'í planteó:

“Los hábitos y actitudes relacionados con los usos del poder surgidos durante las largas épocas de infancia y adolescencia de la humanidad, han rozado ya los límites de su eficacia. Hoy día, en una era cuyos problemas más apremiantes son en su mayoría globales, persistir en la idea de que el poder significa una ventaja para determinados segmentos de la familia humana constituye un profundo error teórico y carece de utilidad práctica para el desarrollo económico y social del planeta.
“Quienes todavía se adhieren a él – quienes en épocas anteriores podían sentirse confiados en ello – ven a sus planes en una maraña de frustraciones y obstáculos inexplicables. En su expresión tradicional y competitiva, el poder es tan ajeno a las necesidades del futuro de la humanidad como podrían serlo la tecnología de la locomoción ferroviaria a la tarea de poner satélites espaciales en órbita.”

1. Poder como Capacidad

Históricamente se han propuesto varios tipos cooperativos de poder, especialmente desde una perspectiva feminista. Por ejemplo, en 1942, Mary Parker Follet sugirió cambiar el concepto del poder sobre o contra por el poder para o con, fomentado de manera conjunta, un poder ‘coactivo’, no ‘coercitivo’, como base para nuevas relaciones sociopolíticas. Once años después, Dorothy Emmet presentó una ponencia ante la Aristotelian Society de Londres, desarrollando esta idea.

A fines de los años sesenta, Hanna Arendt definió el poder como “la capacidad humana no sólo de actuar, sino de hacerlo concertadamente”. Advirtió que el equiparar el poder con la dominación resulta en una “especie de ceguera” frente a la “realidad social humana” y que “únicamente cuando se deja de reducir los asuntos públicos al negocio de la dominación… aparecerán o, mejor dicho, reaparecerán en su auténtica diversidad”. (1969: 43-44)

Jean Baker Miller [1976/1982] escribe que la palabra ‘poder’ ha “adquirido connotaciones que implican ciertos modos de comportamiento más típicas del hombre que de la mujer”, lo cual la distorsionó para “mantener una dominación irracional”. Opina que un análisis del poder desde una perspectiva femenina podría ayudar en su redefinición, pues “las mujeres han ejercido enorme poder en su rol tradicional de fomentar el crecimiento de otros”. Este poder consiste en la “capacidad de producir cambio” mediante “un mutuo aumento – no disminución – del poder de otros.”

Sin embargo, el empoderamiento “no ha sido tomado en cuenta en la mayoría de estudios sobre el poder”, pues “no se ajusta a las definiciones aceptadas”. Kramarae y Treichler [1992] afirman que el término ‘poder’ ha sido “conceptualizado como auto-afirmación [assertion] y agresión por el hombre y como potenciación [nurturance] por la mujer.” Nancy Hartsock [1983:253], en su análisis de la “teoría feminista del poder”, descubre un “énfasis… en el poder, no como dominación, sino como habilidad, como una capacidad de la comunidad toda.”

La mayoría del trabajo por reconceptualizar el poder ha sido realizado por autores feministas, que no dejan de ser marginales a las teorías de poder sociopolítico. No obstante, no está sin sus defensores masculinos. Anthony Giddens, por ejemplo, define el poder como “capacidad transformativa” o la “capacidad para lograr resultados”, que “no necesariamente se relaciona con el conflicto” ni es “inherentemente opresivo”. [1984:15, 257]

Muchos teóricos, aunque reconocen la existencia del poder como capacidad y lo distinguen del poder como pugna, lo hacen para descartar el primero como irrelevante a los análisis sociopolíticos serios. Karlberg [2004:27-34] responde a esto clasificando el ‘poder sobre’ como un caso particular o subconjunto del ‘poder para’ o el poder como capacidad, aduciendo no es más que “poder para ejercer control sobre otros”. Así, lo que interesa es lo que se busca con el poder, si dominar a otros o ayudarlos.

Otra instancia del ‘poder para’ sería la capacidad de decidir y trabajar juntos, que Karlberg denomina ‘poder con’. Así, desde una perspectiva relacional, él distingue dos categorías amplias de “relaciones adversarias de poder” (poder contra) y “relaciones mutuas de poder” (poder con), como sigue:

El poder como capacidad (poder para):
- Relaciones adversarias de poder (poder contra)
- Relaciones mutuas de poder (poder con)

2. Distribución del Poder

En la tarea de redefinir el poder, otro enfoque considera su distribución, que en la concepción popular siempre es desigual. Sin embargo, la mayoría de analistas[1] toman en cuenta el hecho de que no siempre el poder se ejerce en una situación que permita que a parte dominar a otra (poder sobre) y el establecimiento de una jerarquía vertical.

Crecientemente se observa un balance o equilibrio de poder, denominado por algunos como ‘poder incursivo’, en el cual ninguna de las partes somete a la otra, sino que las dos mantienen una relación de pugna relativamente equitativa u horizontal. Bajo una relación de adversarios, la desigualdad de poder puede resultar en opresión, mientras que la igualdad de poder puede llevar al estancamiento, lo cual es muy común en la democracia multipartidista.

En este sentido, Karberg [2004:29] propone subdividir las relaciones adversarias de poder en ‘poder sobre’ y ‘equilibrio de poder’, como sigue:

Relaciones adversarias (poder contra):
- Desigualdad de poder (poder sobre)
- Igualdad de poder (equilibrio de poder)

En el caso de las relaciones mutuas de poder, también puede darse una distribución diferencial. La igualdad de poder permite un empoderamiento mutuo (p.ej.: la participación en una cooperativa), mientras que la desigualdad de poder lleva al empoderamiento unilateral (p.ej.: la crianza de un hijo o la educación de un estudiante).

Sin embargo, aclara Karlberg que “la inequidad de poder puede considerarse una característica necesaria aunque temporal de estas relaciones. Cuando son saludables, su objetivo último es potenciar y educar a las partes desiguales hasta que alcancen un estado de relativa igualdad”. [2004:30]

Además, bajo una perspectiva mutualista de poder, la jerarquía resultante de una desigualdad de poder puede constituir un principio organizacional valioso y a menudo indispensable, que capacite al grupo para alcanzar logros de otro modo imposibles. Esta clase de jerarquía benigna existe en las relaciones de dependencia estructural, como en la delegación de funciones en personas que por lo demás son iguales (p.ej.: autoridad para tomar decisiones). Así, Karlberg plantea el siguiente esquema:

Relaciones mutuas de poder (poder con):
- Igualdad de poder (empoderamiento mutuo)
- Desigualdad de poder (empoderamiento unilateral)

3. Transformando la Dominación

Una de las razones por la que se concentra en el ‘poder sobre’ y no el ‘poder para’ es el supuesto de relaciones de dominación. Eloy Anello (1983:131-3) explica los razonamientos utilizados para justificar estas relaciones de dominación. Los recursos disponibles son escasos, por lo que es inevitable el conflicto por su distribución. A la vez, existen diferencias irreconciliables entre distintos grupos, por lo que siempre habrán conflictos de intereses entre ellos. La resolución de estos conflictos siempre terminará con unos dominando a otros. Por tanto, está bien emplear el poder para imponer la propia voluntad sobre otra persona o grupo. Sin importar quien gana o pierde, se seguirá perpetuando el ciclo vicioso de la pugna por el poder. Quienes trabajan por la justicia social tienden a perpetuar esta lucha por creer que es la única alternativa.

Ante esta situación, Anello y sus colaboradores vienen trabajando durante más de 20 años con diversos sectores sociales por establecer relaciones duraderas basadas en un enfoque sistémico de aprecio por la unidad en diversidad de funciones, aportes e identidades, basado en principios compartidos. Cultiva estructuras de interconexión e interdependencia entre iguales, donde “el bienestar de cada parte afecta la totalidad, así como el bienestar de la totalidad afecta a cada una de sus partes”. Fomenta una ética de servicio mutuo y reciprocidad como una expresión de potencia y fuente de realización y crecimiento para el que sirve. Promueve un uso legítimo del poder en beneficio de todos, otorgado a través de estructuras legales, aceptadas y apoyadas por la sociedad, en vez del poder coercitivo en el que una persona impone su voluntad arbitrariamente. Al respecto dice:

“En términos prácticos, esto significa que diferentes personas o grupos ejercerán mayor poder o influencia en diferentes partes de cada proceso, de acuerdo con sus conocimientos y habilidades en relación con las necesidades de la totalidad. Siempre es necesario buscar el equilibrio; rara vez es recomendable que una sola persona domine todo.”

4. Análisis Relacional del Poder

En base a las consideraciones que anteceden, se puede trazar un esquema con cuatro cuadrantes, que sirve para el análisis de las relaciones de poder y su reorganización, a fin de hacerlas más acordes con el principio de la mutualidad.

Esto no quiere decir que nunca se puede aceptar una relación adversaria. Dos partes en una disputa comercial deben gozar de igual poder para hacer valer sus argumentos durante la mediación. En cambio, un asesino en serie debe ser sometido por un poder superior a él para precautelar la seguridad de la sociedad.


Se invita al lector a realizar el ejercicio de colocar diversas relaciones en el esquema que antecede. Por ejemplo, en la educación, un profesor autoritario, impaciente y sabelotodo que avergüence y abuse a los estudiantes sin potenciar sus capacidades latentes, estaría en el C.1, mientras que un educador amoroso, paciente y potenciador estaría en C.3.

Un tutor consciente toma el papel de facilitador de procesos (C.3) o de co-aprendiz (C.4), mientras que un instructor que asuma el papel de experto o sacerdote tendería más hacia unas relaciones verticales de tipo C.1.

El paternalismo consiste en “ayudar” al dependiente desde una posición de ostentosa superioridad, en una forma que perpetúa su dependencia y se ubica en C.1. Debe ser reemplazado por una actitud de empoderamiento, desafiando al otro a desarrollar sus propias capacidades hasta lograr la independencia.

Incluso en educación física y el recreo, los juegos competitivos que fomentan la cultura del conflicto y pugna se encuentran en el C.1, mientras que los juegos cooperativos que promueven una actitud de apoyo mutuo y trabajo en equipo están en C.4.

En la familia, se debe convertir el abuso físico, verbal y psicológico de los hijos (C.1) en una crianza firme pero amorosa (C.3). Sin embargo, la actual tendencia a eliminar por completo la autoridad paterna (C.4), convirtiendo a los padres en unos amigos más de sus hijos, sin la capacidad de exigir obediencia cuando es debida, debe revertirse a una sana jerarquía familiar de tipo C.3, donde los padres poseen autoridad pero no abusan de ella para sus fines egoístas (C.1).

En la relación entre esposos, se debe pasar de una situación de dominación masculina (C.1) a la igualdad del hombre y la mujer (C.4), quienes toman las decisiones que afectan a la familia en consulta mutua y fomentan la plena potenciación del otro.

En la administración pública, una votación con candidaturas y propaganda electoral sería de C.1, pues uno siempre gana y los otros pierden. En cambio, unas elecciones verdaderamente abiertas, donde todos son candidatos y el puesto por ocupar se considera una oportunidad más para servir a la colectividad, sería de C.4.

La toma de decisiones en medio del afincamiento de posiciones estaría en C.1 o C.2, mientras que con la consulta mutua se daría en el Cuadrante 4. La relación de una institución frente al grupo que delegó en ella tal autoridad, es de C.1 cuando se comporta de manera dominante y prepotente, de C.2 cuando recibe una resistencia activa o pasiva de la gente, de C.3 cuando toma su autoridad responsablemente como una función delegada en ella por el conjunto y de C.4 cuando consulta amplia y abiertamente con la comunidad antes de después de tomar una decisión.

Un presidente cuya palabra no puede ser contradicha por el resto de miembros de la institución y que sustenta el voto dirimente, podría ubicarse en C.1, mientras que el que se considera sólo un coordinador o moderador de la consulta del grupo y aporta sus ideas y votos en igualdad de condiciones con el resto, sería de C.4.

5. Conclusiones

Hemos visto que los conceptos del poder como capacidad, de su distribución diferencial y su análisis relacional constituyen aportes hacia una redefinición del poder dentro de un paradigma de colaboración y apoyo mutuo. Sin embargo, será necesario profundizar aún más el tema a futuro para alcanzar el tipo de sociedad que se quiere construir. En palabras de la Comunidad Internacional Bahá'í:

“…la humanidad siempre ha acertado a concebir el poder de otras maneras mucho más congruentes con sus esperanzas. La historia suministra amplia evidencia de que personas de todos los orígenes a lo largo de las épocas que han aprovechado, por muy intermitente e inadecuadamente que sea, una amplia gama de recursos creativos internos. Quizá el ejemplo más obvio sea el poder mismo de la verdad, un agente de cambio vinculado a algunos de los más grandes avances de la experiencia filosófica, religiosa, artística y científica de la especie. La fuerza de carácter representa otro resorte movilizador de inmensas capacidades humanas, y otro tanto cabe decir del influjo del ejemplo, ya sea en la vida de las personas o de las sociedades humanas. Y pasa casi totalmente desapercibida la fuerza impresionante que puede ejercer la unidad, fuerza cuyo influjo es ‘tan poderoso’ - en palabras de Bahá'u'lláh – ‘que puede iluminar la Tierra entera’.”

Notas:

[1] Karlberg cita por ejemplo a Blau [1964:118], Gamson [1968] y Reismann, Denny y Glazer [1951).


Bibliografía:

Anello, Eloy y Hernández, Juanita de: “Participación Comunitaria”. Santa Cruz, Bolivia: Universidad Núr, 1993.

Comunidad Internacional Bahá'í: “Prosperidad Mundial”, propuesta preparada por la Oficina de Información Pública y presentada ante la Cumbre Mundial de Desarrollo Social en Copenhagen en 1995.

Emmet, Dorothy: “The Concept of Power”, ponencia presentada ante la Aristotelian Society de Londres en 1953. En Hannah Arendt, On Violence. San Diego: Harvest Books, 1969.

Follet, Mary Parker: “Power”, en Henry C. Metcalf y L. Urwick (eds.), Dynamic Administration. Nueva York: Harper and Brothers Publishers, 1942, pp. 95-115.

Giddens, Anthony: The Constitution of Society: Outline of the Theory of Structuration. Cambridge: Polity Press, 1984.

Hartsock, Nancy: Money, Sex, and Power: Towards a Feminist Historical Materialism. Nueva York: Longman, 1983.

Karlberg, Michael: “Beyond the Culture of Contest – From Adversarialismo to Mutualism in an Age of Interdependence”. Oxford: George Ronald Publisher, 2004.

Kramarae, Cheris y Paula Treichler: Amazons, Bluestockings and Crones: Feminist Dictionary. Muriel Schulz y William M. O’Barr (eds.). Londres: Pandora, 1992.

Miller, Jean Baker: Toward a New Psychology of Women. Boston: Beacon Press, 2ª edición, 1976.

Miller, Jean Baker: “Colloquium: Women and Power”, en Work in Progress (Stone Center for Developmental Services and Studies), vol. 82-01 (1982), pp. 1-5.

4 comentarios:

Carlos E. López Dávila dijo...

Buena esa, una vez más, mi amigo Peter. Resulta muy esclarecedera la diferenciación entre el poder como capacidad y el poder como pugna o conflicto gracias al esquema de los cuadrantes.

Coincidencialmente, yo estoy trabajando también sobre el tema de poder y mi enfoque está orientado sobre todo al poder de acción del conjunto, ya sea ese conjunto un grupo, una comunidad, una nación o el cuerpo entero de la humanidad, poder que sería un desarrollo pleno del cuadrante 4, después de haber pasado por el proceso de aprendizaje y desarrollo que corresponde al cuadrante 3.

Jorge Ariel Franco L. dijo...

Gracias por esta información. Acabo de empezar mi trabajo de grado en la Maestría (MBA), y el tema es una mirada del poder y su aplicación en distintas organizaciones. Espero que tengamos contacto para compartir nuestras investigaciones

Miriam Castillo P. dijo...

guao..buenísimo y actualizado. Tomo tus aportes para guiar un análisis que estoy haciendo del tema...Un abrazo desde Venezuela
Miriam castillo

Jaime Coronado dijo...

A mi no parece acertado el artículo. hay un enfasis y muchas confusiones conceptuales y terminológicas. El enfasis es asimilar el poder a lo "cooperativo" y la "mutualidad", lo cual, va contra el sentido común y la realidad. No la comparto completamente, pero es más preferible de definición clásica de Max Weber.Y a Weber se puede recurrir para diferenciar poder de "fuerza", "dominación" "autoridad", etc.