jueves, junio 22, 2006

¿Hombres Luchando por la Mujer?

“Mientras no se le permita a la mujer alcanzar su máximo potencial, el hombre no podrá lograr la grandeza que podría ser suya”. (Casa Universal de Justicia)

Lo que sigue es el desarrollo de algunos apuntes tomados para orientar una serie de conferencias sobre el tema. No pretende ser un ensayo bien elaborado, sino una hilación de ideas sustentadas en citas tomadas de las Enseñanzas Bahá’ís y varios otros autores, cuyo propósito es tan sólo el de estimular el diálogo en torno a las implicaciones más profundas del principio bahá'í de la igualdad de los sexos.



1. Antecedentes:

Para muchos, la igualdad de género ha implicado la lucha de la mujer por sus derechos y la no resistencia del hombre frente a estas reivindicaciones. Los ‘sectores masculino y femenino’ han sido percibidos apenas como dos elementos más en un mundo cada vez más dividido en la luchando por la supervivencia. Esto contrasta fuertemente con la perspectiva que ofrece algunas tendencias de vanguardia, incluyendo la Fe Bahá'í:

“El mundo de la humanidad tiene dos alas: una es la mujer y la otra el hombre. Mientras ambas alas no se desarrollen igualmente, el ave no podrá volar. Si una de las alas es débil, el vuelo es imposible… Hasta que la mujer y el hombre no reconozcan y lleven a cabo su igualdad, el progreso social… no será posible”. (‘Abdu’l-Bahá)

“El mundo de la humanidad consta de dos partes: hombre y mujer. Cada una es el complemento de la otra. Por consiguiente, si una es defectuosa, la otra necesariamente será incompleta, y la perfección no podrá alcanzarse.
“En el cuerpo humano existen una mano derecha y una mano izquierda, funcionalmente iguales en servicio y administración. Si cualquiera de ellas fuese defectuosa, el efecto, naturalmente, se extendería a la otra, comprometiendo la integridad del todo; pues la ejecución no es normal a menos que ambas sean perfectas. Si decimos que una mano es deficiente, demostramos la inhabilidad e incapacidad de la otra; dado que sola no se realiza plenamente.
“Así como la realización física es completa con dos manos, así también el hombre y la mujer, las dos partes del cuerpo social, deben ser perfectos. No es natural que alguno de los dos permanezca sin desarrollar; y hasta que ambos no se perfeccionen, no se verificará la felicidad del mundo humano.” ('Abdu'l-Bahá)

Al plantear en diferentes foros mixtos la pregunta “¿Por qué al hombre le debe interesar promover activamente el adelanto de la mujer?”, he recibido diversas respuestas, que se pueden resumir como sigue:

• Apoyo para esposo: “Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”.
• Mejor educadora de hijos y administradora del hogar.
• Preparar para contingencia de quedar como jefa del hogar.
• Empleo remunerado: aporte económico adicional para el hogar.
• Mejor compañía: “Una mujer realizada es una mujer feliz”.
• Trabajar en equipo con una diversidad de perspectivas/talentos.

Es interesante notar que cada una estas respuestas hace referencia a los roles tradicionales de la mujer dentro del ámbito del hogar. Esto no es malo en sí, pero creo que existen motivos más profundos y amplios por los cuales al hombre debe interesarle el avance de la mujer.

2. División por Género de las Cualidades Humanas:

Se piensa generalmente que el machismo consiste en creer al hombre mejor o más importante que la mujer. Les invito a explorar una ampliación de esta definición. Tradicionalmente, la sociedad asignado ciertas cualidades de carácter al hombre y otras a la mujer. Esta polarización de atributos humanos ha sido reproducida mediante la socialización. Varios autores han identificado la existencia, en casi todas las sociedades, de una cultura masculina y otra cultura femenina. De hecho, en algunos pueblos los hombres hablan un idioma y las mujeres otra. Gordon Fellman, en “Rambo y el Dalai Lama”, dice:

“Durante los últimos diez a quince mil años, los hombres han llegado a dominar a la mujer, a la naturaleza y a otros hombres. Aparentemente, este no siempre fue el caso, pero con el tiempo ciertas cualidades que forman parte de todos los seres humanos, fueron asignadas de manera diferencial entre los géneros. El hombre se tornó exteriorizado, fuerte, duro, decidido, agresivo, público, competitivo, belicoso y dominante. La mujer se volvió interiorizada, débil, suave, vacilante, pasiva, privada, cooperativa, pacífica y sumisa… más interesada que el hombre en la ternura, la potenciación y la honestidad emocional; en el respeto por la vulnerabilidad, el dolor y la complejidad emocional; amando la nueva vida y ayudándola a pasar de su frágil infancia a una madurez competente…” (p. 14)

¿Cuáles son otras de estas cualidades diferenciales? Algunos de los comentarios vertidos en talleres de género, así como diversos autores, se pueden resumir como sigue:

• Conflicto, confrontación, competencia versus concordia, conciliación, colaboración
• Impulsividad, agresividad, fuerza física, dominio de las armas versus reflexividad, ternura, fortaleza moral, predominio de la palabra
• Invasión, conquista, dominio de nuevos territorios versus consolidación, preservación y cultivo de lo conquistado
• Pensamiento lógico, lineal, análisis, predomina el intelecto, saber datos versus pensamiento intuitivo, creativa, predominio del afecto, comprender el todo
• Dureza, insensible, reprime sentimientos versus suavidad, sensible, expresa sentimientos
• Justicia, rigidez, avaricia, acaparador versus misericordia, compasión, generosidad

El Verdadero Machismo:

El machismo más pernicioso es creer que las “cualidades tradicionalmente atribuidas al hombre” son superiores y preferibles a las “cualidades tradicionalmente atribuidas a la mujer”. Así tenemos que un hombre con cualidades femeninas es objeto de burla y rechazo social, mientras que la mujer con cualidades masculinas llega a ser la presidenta de la empresa… o del país. Al respecto Michael Karlberg, en “Beyond the Culture of Contest”, dice:

“Más allá de las desventajas relativas que históricamente ha sufrido la mujer… muchos feministas también expresan preocupación por la dominación en nuestras sociedades de las cualidades masculinas (no sólo de los hombres como tales) sobre las cualidades femeninas (no únicamente sobre las mujeres en sí), sin importar si estas cualidades se evidencian en una mujer o en un hombre”. (p. 86 – subrayado mío)

“…la otra cara de una cultura que sobrevalora las características adversarias y de pugna por el poder, es una cultura que menosprecia las cualidades y relaciones de mutualidad. En la cultura del conflicto, las relaciones y cualidades de potenciación que constituyen los requisitos de la progenitura, la educación y las diversas profesiones humanitarias, suelen ser subvaloradas en su conjunto, amén de las relaciones de cooperación y reciprocidad que fundamentan los logros mutuos y la capacidad colectiva y las relaciones pacíficas de las cuales dependen la vida comunitaria y la seguridad”. (pp. 86–87)

¿Biología o Cultura?:

A fin de evitar confusiones, debemos aclarar que aquí NO estamos proponiendo un esencialismo de género. Según el esencialismo, estos atributos diferenciales de género tendrían causas biológicas, pero aquí estamos afirmando que su causa es cultural. Elise Boulding, en su libro “Cultures of Peace” (culturas de paz) explica esta diferencia:

“Mi argumento no es esencialista… Los mundos cognitivos y experienciales de la mujer la han equipado para funcionar de manera creativa como resolvedora de problemas y constructora de la paz, de maneras que el hombre no ha sido equipado para hacer por sus mundos cognitivos y experienciales. Esto, obviamente, puede cambiar. Un mayor compartir de mundos experienciales entre mujeres y hombres constituirá un importante paso hacia delante en el desarrollo humano.” (p. 109)

¿Qué hay de las excepciones?: También hay que precisar que NO estamos diciendo que todo hombre es así y toda mujer asá. No se trata de una clasificación ontológica. Estamos diciendo que la cultura masculina suele inclinarse en una dirección y la cultura femenina en otra. Obviamente, en toda cultura existe toda una gama de características, con las excepciones más claras en los extremos opuestos. Por ejemplo, en una cultura de puntualidad siempre hay los que se atrasan y en una cultura de impuntualidad siempre hay quien se adelanta. Por citar nuevamente a Fellman:

“Jamás fue absoluta esta división del carácter y la personalidad. La historia nos revela a mujeres fuertes y dominantes, a hombres débiles y pasivos, así como sus opuestos. Sin embargo, éstos durante mucho tiempo definieron lo propio de cada género en todas menos un puñado de culturas indígenas y premodernas…” (p. 14)

3. Requisitos de la supervivencia planetaria:

Al analizar esta lista, es notable que la primera columna lleva hacia una cultura de conflicto y que la segunda promueve una cultura de paz. Las características tradicionalmente consideradas masculinas son las que han ocasionado los problemas actuales del mundo y los están reproduciendo. Son las características tradicionalmente consideradas femeninas las que se necesitan para resolver estos problemas y crear el mundo deseado.

- El sistema económico, basado en la competencia por acaparar cada vez, tiene que institucionalizar la cooperación y una mejor distribución para superar su peligrosa volatilidad e inestabilidad.
- El sistema político, basado en la pugna por el poder en las cúpulas, tiene que institucionalizar el empoderamiento de las masas para asegurar la gobernabilidad.
- El sistema social, basado en las divisiones clasistas, racistas, nacionalistas, religiosas, etc., tiene que institucionalizar la unidad en diversidad si hemos de evitar los graves conflictos sociales y étnicos que aumentan cada día.
- Nuestra relación con el medioambiente, basada en la destrucción del ecosistema para extraer sus riquezas, debe institucionalizar una relación simbiótica si hemos de evitar destruirnos a nosotros mismos.

Y así sucesivamente. Esto señala la necesidad de que la humanidad entera, tanto hombres como mujeres, cultiven una cultura más femenina. Fellman dice:

“Yo posito que estas cualidades, asignadas históricamente a la mujer y sin embargo al alcance de cada persona – el patrimonio común de todos – o bien logrará penetrar plenamente en la conciencia y el comportamiento mayoritaria de la sociedad, o moriremos de miopía y confusión…Ya no se puede circunscribir la compasión y ternura al hogar y la guardería. Estas cualidades se convertirán en virtudes públicas, o sufriremos una muerte prematura. ... [E]l comportamiento adversario nos ha traído al borde de la destrucción. A la vez, una mayor expresión de mutualidad… puede no sólo salvarnos sino ofrecernos un estado mucho más gratificante de lo que la mayoría de personas ha conocido durante los últimos milenios”. (p. 14)

Nuevamente una aclaración: NO se está diciendo que los atributos tradicionalmente asignados al hombre son inherentemente “malos”, ni que las cualidades culturalmente reservadas por la mujer son en sí “buenos”. Más bien, las características masculinas fueron necesarias durante una etapa anterior en el desarrollo de la raza humana. Lo que estamos afirmando es que aquello que requiere la época actual son las cualidades que, por razones históricas, están más desarrolladas en la cultura femenina. ‘Abdu’l-Bahá comparte una visión positiva de cómo será esta nueva edad:

“El mundo del pasado ha sido gobernado por la fuerza, y el hombre ha dominado a la mujer debido a sus cualidades más potentes y agresivas, tanto físicas como mentales. Pero el equilibrio está variando, la fuerza está perdiendo su dominio y la viveza mental, la intuición y las cualidades espirituales de amor y servicio, en las que la mujer es fuerte, están ganando en poder. En adelante tendremos una época menos masculina y más influenciada por los ideales femeninos o, para explicarnos más exactamente, será una época en la que los elementos masculinos y femeninos de la civilización estarán más equilibrados.” ('Abdu'l-Bahá)

4. Propuestas:

a) Educación: La mujer debe recibir la misma educación que el varón o, si no es posible educar a ambos, debe ser priorizada la educación de la mujer por sobre la del hombre. ‘Abdu’l-Bahá dice:

“…no debe haber diferencia alguna en la educación del varón y la mujer, para que las mujeres puedan desarrollar igual capacidad e importancia que el hombre en la ecuación económico-social. Entonces el mundo alcanzará la unidad y la armonía... La guerra y su desolación han agotado al mundo. La educación de la mujer será un paso gigantesco hacia su abolición y fin ya que la mujer ejercerá toda su influencia contra la guerra. La mujer cría al niño y educa al joven hasta la madurez. Ella rehusará ofrecer sus hijos en sacrificio sobre el campo de batalla. Ciertamente, ella será el factor más importante en el establecimiento de la paz universal y el arbitraje internacional. Es seguro que la mujer abolirá las guerras entre los seres humanos.”

“...la educación de la mujer es más necesaria e importante que la del hombre, pues la mujer es la educadora del niño, desde la infancia. Si ella es imperfecta y tiene faltas, el niño necesariamente será deficiente; por ende, la imperfección de la mujer implica la imperfección de toda la humanidad, puesto que es la madre quien educa, nutre y guía el crecimiento del hijo. Si la educadora es incompetente, los educandos serán deficientes. ¿Puede un estudiante ser brillante y culto si la profesora es analfabeta e ignorante? Las madres son las primeras educadoras de la humanidad; si fuesen imperfectas, ¡ay de la condición y del futuro de la raza humana!”

La Casa Universal de Justicia reitera este principio, que ya ha sido reconocido en la práctica del desarrollo comunitario por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD):

“…cuando no es posible educar a todos los hijos, las hijas tienen preferencia sobre los hijos, ya que las madres son las primeras educadoras de la siguiente generación”.

b) Consolidación en el Ambito Público: Hasta ahora, las cualidades femeninas han sido circunscritas al hogar y a la vida privada, lo cual ha posibilitado su germinación sin mayor interferencia proveniente de un mundo masculinizado. Boulding desarrolla este tema como sigue:

“La perspectiva estereotipada de la paz como asunto de la mujer y, por tanto, carente de importancia en los asuntos públicos de la vida real, oculta de vista la extraordinaria creatividad que ha evidenciado la mujer a lo largo de la historia, al crear no sólo espacios públicos para una interacción pacífica en medio de la violencia, sino además nuevas maneras de pensar y actuar. Es precisamente por que la mujer está al margen de la toma de decisiones públicas en el orden social existente, que se encuentra más libre para desarrollar nuevos enfoques. Ha tenido pocos intereses creados que proteger.” (p. 107)

Sin embargo, es necesario ahora que estas cualidades iluminen todos los rincones del ámbito público. La mujer debe tomar parte en todos los aspectos de la vida humana, especialmente en los roles decisores. Fellman explica:

“Históricamente, tanto la mujer como el hombre opera en una modalidad tanto adversaria como mutualista, pero la amistad, potenciación y compasión son centrales a la formación de más mujeres que hombres en la mayoría de sociedades. Las cualidades mutualistas se evidencian especialmente en la vida familiar, la amistad y el amor – la esfera denominada privada. Es lógico que mientras la mujer no incursione en las relaciones adversarias de la vida pública, estará más familiarizada con la mutualidad que el hombre promedio”. (p. 26)

Esto es necesario para que pueda influir en cada área del quehacer humano. ‘Abdu’l-Bahá dice que esto asegurará la paz:

"La guerra y su desolación han agotado al mundo. La educación de la mujer será un paso gigantesco hacia su abolición y fin ya que la mujer ejercerá toda su influencia contra la guerra. La mujer cría al niño y educa al joven hasta la madurez. Ella rehusará ofrecer sus hijos en sacrificio sobre el campo de batalla. Ciertamente, ella será el factor más importante en el establecimiento de la paz universal y el arbitraje internacional. Es seguro que la mujer abolirá las guerras entre los seres humanos.”


c) Institucionalización de Valores Femeninos: Al hacer esto, la mujer no debe perder las cualidades distintivas para convirtiéndose en una suerte de “hombre honorario”: una persona de sexo femenino que piensa y actúa en base a la tradicional cultura masculina. Más bien, debe transformar todos los espacios mediante la ‘institucionalización’ de esos atributos. Aung San Suu Kyi, líder del Movimiento Democrático de Birmania, en un discurso ante el IV Congreso Mundial de la Mujer de las Naciones Unidas en Beijín en 1995, afirmó:

“Durante milenios, la mujer se ha dedicado casi exclusivamente a la tarea de criar, proteger y cuidar de jóvenes y viejos, luchando por las condiciones de paz que favorecen a la vida en su integridad. Es hora de aplicar en el paladín del mundo la sabiduría y experiencia [que ha logrado la mujer]”. (citado en Fellman, p. 14)

d) Rescate de la Dimensión Perdida en el Varón: También hay que cultivar estas cualidades en los varones, tanto niños, jóvenes y adultos, a fin de que sean aptos para vivir en el nuevo mundo que brega por nacer. Fellman dice:

“En términos convencionales, la empatía se considera ‘femenina’ y [la competencia] ‘masculina’. Desde luego, en la realidad muchos hombres tienen empatía y muchas mujeres carecen de ella. Los términos convencionales son útiles, sin embargo, para reconocer hasta qué punto cada género ha sido socializado para verse a sí mismo como inherentemente lo uno en vez de lo otro. Si todas las cualidades humanas pertenecen a cada persona, entonces ningún género debe sentirse más o menos capaz de evidenciar un conjunto de comportamientos que el otro.

“Al plantear la empatía como categoría política emergente, necesaria para… la supervivencia de la especie, se sugiere la apertura, tanto del comportamiento masculino como de la teoría política, ante cualidades y procesos que… le han sido negados por haber sido etiquetados como femeninos. Es un ejemplo de la manera como el pensamiento binario priva a la gente del acceso a lo que constituye parte de su patrimonio común como seres humanos”. (p. 148)

Este cambio no vendrá fácilmente, ni siquiera a nivel individual, mucho menos en el ámbito institucional. Pues existen fuertes incentivos para que se preserve el estatus quo actual, como lo explica Karlberg:

“La devaluación de estas relaciones y cualidades [tradicionalmente ‘femeninas’] tiene dos consecuencias. Por una parte, al delegar en la mujer la mayoría de roles que requieren de tales atributos, se discrimina contra la mujer mediante su asociación con dichos roles subvalorados. Por otra parte, la devaluación de estas características genera a la vez un desincentivo para que el hombre las adquiera. Consecuentemente, la mitad de la población que aún controla mayoritariamente las riendas de los asuntos públicos, lleva a sus posiciones de poder social un déficit de las destrezas necesarias para la potenciación, el apoyo mutuo y la cooperación”. (p. 87)

Aquí cabe otra aclaración. No se está sugiriendo eliminar toda distinción entre hombre y mujer, sino que ambos desarrollen aspectos de su vida que le han sido vedados por las reglas de la sociedad tradicional. Boulding explica como sigue:

“¿Se tornarán más semejantes la mujer y el hombre? Es más probable que se vuelvan más diferentes, por que al compartir la crianza de los hijos, será posible una mayor individuación de cada personalidad. Las potencialidades biológicas presentes en los individuos tendrán mayor libertad para actuar ante la madurez más plena que proviene del hecho de compartir entre hombres y mujeres los roles de crianza y servicio. Se habrá roto el vínculo entre los roles sociales definidos por el género y la ocupación.” (p. 132–33)

Tampoco se está diciendo que ambos sexos deben asumir las mismas funciones en cada caso Hay diferencias biológicas que delimitan ciertos roles, así como diferentes intereses y preferencias. La Casa Universal de Justicia explica:

“La igualdad entre hombres y mujeres no significa funciones idénticas. En algunos aspectos la mujer aventaja al hombre; en otros el hombre es más apto que la mujer, mientras que en muchísimas otras cosas la diferencia de sexo carece de efecto. Las diferencias de función se hacen más evidentes en la vida familiar. La capacidad para la maternidad tiene muchas implicaciones de largo alcance...”

Lo que sí es evidente es que el cambio no se dará por sí solo, sino que requiere del esfuerzo concentrado, tanto del hombre como de la mujer, por resistir y alterar las relaciones de poder existentes en la actual estructura de premios y castigos sociales. Karlberg dice:

“En nuestra economía, instituciones políticas, sistemas judiciales y educativos, etc., las estructuras sociales de premio y castigo tienden a privilegiar los rasgos ancestralmente ‘masculinas’ por encima de las características tradicionalmente ‘femeninas’ como la ternura y la cooperación. Dado el vínculo histórico de la agresión y competencia con la masculinidad, estos sistemas de retribución suelen convertirse en estructuras de privilegio masculino… [M]ientras se premie la agresión y competencia, los hombres seguirán aventajados y las mujeres quedarán en desventaja… En muchas situaciones, las expresiones de agresión y competencia son premiadas en el hombre, al ser percibidas como naturales y apropiadas. En contraste, las mismas expresiones de agresión y competencia en la mujer no son premiadas en las mismas situaciones, por que tienden a ser percibidas como antinaturales e inapropiadas. Este doble estándar refuerza las estructuras heredadas de dominación masculina.” (pp. 85–86)

5. Conclusión:

Se ha demostrado que, lejos de mantenerse al margen o limitarse a una actitud de no resistencia ante las reivindicaciones del feminismo, el hombre tiene un supremo motivo para promover el avance de la mujer: lograr que aquellas cualidades esenciales que tradicionalmente le fueron relegadas por la cultura a la mujer lleguen a ser la norma en todos los aspectos de la vida humana, a fin de alcanzar el mundo de paz que todos añoramos, tanto hombres como mujeres.

Quisiera terminar este pequeño trabajo con una cita inspiradora de las Escrituras Sagradas Bahá’ís:

“Pronto llegará el día en que el hombre, dirigiéndose a la mujer, dirá: “¡Benditas seáis! ¡Benditas seáis! Verdaderamente, vosotras sois merecedoras de todos los dones. En verdad, merecéis adornar vuestras cabezas con la corona de gloria sempiterna, por que en ciencias y artes, en virtudes y perfecciones, vosotras sois iguales al hombre, y en cuanto a la ternura de corazón y abundancia de misericordia y simpatía, sois superiores.” (‘Abdu’l-Bahá)


BIBLIOGRAFÍA:

Bahá'u'lláh, Abdu'l-Bahá, Shoghi Effendi y la Casa Universal de Justicia – “Women: a Compilation”, Bahá'í World Center: Departamento de Investigaciones, 1986.

Boulding, Elise: “Cultures of Peace – The Hidden Side of History”. Syracuse, NY: Syracuse University Press, 2000.

Fellman, Gordon: “Rambo and the Dalai Lama – The Compulsion to Win and its Threat to Human Survival”. Albany, NY: State University of New York Press, 1998.

Karlberg, Michael: “Beyond the Culture of Contest – From Adversarialismo to Mutualism in an Age of Interdependence”. Oxford: George Ronald Publisher, 2004.

2 comentarios:

Carlos E. López Dávila dijo...

Muy bien, mi amigo Peter. El artículo me ha servido mucho para darle más contenido al bagaje que hasta ahora he manejado sobre el tema de la verdadera causa de las diferencias entre mujeres y hombres, entre lo masculino y lo femenino, entre lo biológico y lo cultural.

Un pequeño aporte al tema: en cuanto a los roles y características culturalmente masculinas y femeninas, creo que es importante distinguir entre los rasgos superficiales, mayormente modelados por la sociedad de consumo, y los rasgos profundos, que son consecuencia de un proceso de desarrollo conciente de cualidades y actitudes.

Por mencionar sólo algunos rasgos, en cuanto a lo superficial en la mujer tenemos el excesivo apego al cultivo de su apariencia, a la moda, a las joyas, a la seducción mercantilista, etc. Y en cuanto a lo masculino, las demostraciones excesivas de virilidad y violencia, la insensibilidad y la dominación, ocupan un lugar destacado.

En cambio, cuando hablamos de lo profundo, tenemos en la mujer su capacidad de servicio, de sacrificio, de cooperación y de moderación, por mencionar unas pocas de las que ya mencionaste, y en lo masculino, la capacidad de iniciativa e inventiva, el arrojo, la valentía y el descubrimiento.

O sea, que en cierto sentido, pienso que el trabajo hacia el futuro no debe darse desde la perspectiva de género únicamente, sino desde la perspectiva del desarrollo de capacidades y potencialidades comunes a todos los seres humanos, lo que si está presente en tu artículo, para la superación de las limitaciones y rasgos que mantienen a hombres y mujeres lejos de su verdadera dimensión y su misión vital.

Princesa Quil dijo...

Peter me ha encantado este post, lástima que ya no escribas más en este blog en español.

Me encantaría que pases por mi blog

violnenciadiscreta.blogspot.com

Me encanta el tema este de la feminizacion del mundo, y aqui lo tratas muy bien.

Saludos desde Guayaquil!