jueves, diciembre 23, 2004

El Conflicto Étnico de Glazer

Lo que sigue es un análisis crítico del artículo “Introduction to Ethnicity” por Nathan Glazer y Daniel P. Maynihan.[1]

Esta es la introducción a un volumen que analiza el reciente fenómeno de “un incremento pronunciado y repentino en la tendencia a que las personas de muchos países y bajo muchas circunstancias insistan en la importancia de la singularidad e identidad de su grupo [étnico] y de los nuevos derechos que se derivan de su carácter como grupo”.



Se argumenta que “el fijarnos únicamente aquello que nos resulta familiar en la etnicidad de nuestro tiempo, significaría pasar por alto el surgimiento de una nueva categoría social tan significativo para la comprensión del mundo actual como la de las clases sociales”.

El propósito del libro es “presentar ciertas explicaciones teóricas de esta aparición y ofrecer un número de ilustraciones concretas”. No se ofrece una teoría definitiva, sino “un manojo de teorías parciales” y “la aseveración de que existe un fenómeno que debe necesariamente estudiarse”.

Los autores definen la etnicidad como "el carácter o calidad de un grupo étnico” y a éste último no sólo como “un grupo con una tradición cultural común y un sentido de identidad que existe como subgrupo de una sociedad mayor”, sino más ampliamente como “cualquier grupo con su propia tradición cultural y origen, aún si se trata del grupo étnico mayoritario dentro de una nación”. Es decir que en realidad son grupos étnicos “todos los grupos de una sociedad, caracterizados por un claro sentido de diferencia debido a su cultura o ascendencia”.

Ya no pueden verse meramente como minorías marginales a ser tolerados como aberraciones temporales hasta dejarse asimilar por la sociedad mayoritaria (expectativa liberal) o abandonar sus apegos étnicos como irrelevantes frente a la identidad de clase que, después de la revolución, también desaparecería (expectativa radical), o incluso sobrevivir como patrimonios exóticos y/o rezagos molestos de un pasado lejano, como piezas de museo. Más bien deben considerarse como un elemento necesario a toda sociedad, como formas naturales que toman la vida social, “capaces de renovarse y transformarse”.

Desde una perspectiva política, un grupo étnico es “un grupo social que, al interior de un sistema sociocultural mayor, reclama o recibe un estátus especial en términos de un complejo de características (rasgos étnicos) que de hecho exhibe o se cree que exhibe”. Los autores ofrecen una serie de motivos por los cuales la etnicidad se ha convertido en un nuevo eje de movilización política, que incluyen los siguientes.

En primer lugar está el surgimiento del estado de bienestar, que por un lado cuida muy bien de sus ciudadanos y por tanto procura controlar cuántos y quiénes considera como tales, y por otro lado distribuye beneficios a grupos diferenciados a menudo en términos étnicos, a modo de discriminación inversa. De ahí la “eficacia estratégica de la etnicidad a la hora de hacer reclamos legítimos ante los recursos del estado moderno”.

En segundo lugar, está el concepto del conflicto entre el igualitarismo y el éxito diferencial en la satisfacción de las normas sociales. Según Dahrendorf, toda sociedad establece normas, con sus respectivas sanciones y premios para asegurar su cumplimiento, los cuales hacen que aquellos grupos que los satisfacen tienen éxito y quienes no lo logran, fracasan. Este proceso suele favorecer a determinados grupos étnicos y desfavorecer a otros, resultando en “diferencias grupales en estatus”.

En respuesta, algunos grupos luchan por imponer sus propias normas y lograr ventajas, fortaleciendo así su definición, ya no sólo como agrupación en sentido sociocultural, sino como grupo de interés en el escenario político. El resultante conflicto entre el supuesto de igualdad y la realidad de desigualdad es lo que motiva la creación de políticas de estado que favorecen a los desfavorecidos.

Sin embargo, los autores proponen que la etnicidad es algo más que un mero medio de promover los intereses materiales inmediatos de un grupo (el aspecto “racional”). También involucra un lazo afectivo, surgido de una identidad fundamental como grupo.

Hay quienes creen que este lazo afectivo y esta identidad nacen de una esencia ‘primordial’ diferenciada que necesariamente “divide a los seres humanos en compartimentos fijos o monadas entre los cuales es inevitable alguna separación básica o conflicto”. Bajo este esquema, la etnicidad sería “un atributo básico del ser humano que al ser reprimido siempre surgirá de nuevo” y el motivo de su división entre sí sería algo que “yace profundamente en su historia y experiencia”.

Otros consideran que el apego a un grupo u otro, así como su intensidad, dependen de “circunstancias específicas e inmediatas que explican por qué los grupos mantienen su identidad, por qué la etnicidad se vuelve la base de la movilización, por qué algunas situaciones son pacíficas y otras llenas de conflicto”. Los autores se sitúan “con cierta incomodidad entre estas dos posiciones”.

Finalmente, las crecientes mareadas de migraciones de mano de obra, principalmente desde el siglo diecisiete a raíz de sucesos económicos internacionales, ha aumentado grandemente la heterogeneidad de los estados. Esto, a su vez, ha dado lugar a cada vez más casos de reivindicaciones por parte de diversos grupos étnicos en su interior. Han encontrado resonancia a través de un sistema internacional y cada vez más penetrante de comunicación masiva, que informa constantemente de las luchas en otros climas.

Como resultado, se ha producido un proceso de realimentación en el cual cada grupo aprende del ejemplo de los demás, reforzándose mutuamente sus acciones. Las resultantes luchas étnicas constituyen un rasgo crecientemente común en el escenario actual del mundo.

En una obra que, por lo demás, parecería ser un tratado objetivo y científico, se percibe en ciertos comentarios, que los autores consideran la heterogeneidad étnica como un problema a ser resuelto mediante la segregación. Para dar unos pocos ejemplos:
“Los Europeos Occidentales han [hemos] aprendido que los asentamientos nuevos y permanentes de otros grupos étnicos implican el conflicto étnico y pretenden [pretendemos] evitarlo en lo posible”;
“...uno se pregunta si la nueva heterogeneidad de las naciones europeas puede en realidad ser resuelta simplemente por medio de expulsiones masivas, por más legales que sean; en todo caso, existe esta opción”; y,
“Si otras naciones desean disminuir su diversidad étnica, está claro que este todavía no es el punto de vista de los Americanos” (énfasis mía).

La afirmación soslayada “¿Pueden los Negros hacer por África lo que los Judíos hicieron por Israel? La respuesta... es que sí pueden y sí deben hacerlo” no es sino otra forma del lema WASP de los años sesenta: “Negros regresen a África”. Los comentarios respecto al “prejuicio contra el ajuste de fronteras” y “contra el divorcio político, es decir la secesión”, ocultan una propuesta de división de los estados por sus fronteras étnicas.

Considero que el verdadero “problema étnico” no es la migración, ni la heterogeneidad, ni la comunicación masiva, sino actitudes como las que los autores han intentado cuidadosa pero infructuosamente de solapar. Pues el hecho de citar determinadas opiniones a lo largo del texto, sin dar cuenta de las opuestas o las que difieren, constituye una tácita aprobación del parecer del autor o concepto mencionado.

Así como existen casos de conflicto interétnico, también los hay de la cooperación y el apoyo mutuo en sus nuevos hogares, el aprecio compartido e incluso cultivación de sus respectivas diferencias culturales. ¿Por qué no son contemplados en este análisis como fuentes de potencial aprendizaje de las cuales se podría conocer soluciones que abrazan nuestras diferencias en vez de huir de ellas como si fuesen una plaga?

1. En Ethnicity, Theory and Experience. Harvard: Harvard University Press, 1975, pp. 1-26.

(23 de diciembre de 2004)

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